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Descubre mis pensamientos

Esta noche, en la cama, he tenido fantasías de todo tipo, tan intensas que...
Mi respiración se aceleraba a la vez que sentía como mi polla crecía y se ponía dura, palpitante y erguida.
La punta de mi sexo comenzaba a mojarse poco a poco, sentía como la humedad se iba extendiendo a la vez que mi excitación aumenta.
Mi mano, mi boca, mi vientre, mi sexo...No he podido dejar de tocar todo mi cuerpo.
Acaricié mis pezones suavemente. Me gusta sentirlos tan suaves, tan delicados y tan sensibles al placer.
He jadeado mientras mi cuerpo se convulsionaba y se retorcía de placer.
Sentí, dentro de mi, la leche caliente, cálida, deseosa de brotar enérgicamente, deseosa de un cuerpo sediento de sexo y pasión desenfrenada.
Hoy no quiero discutir
llueve, lloro, sueño.
No se me pone dura

Después del momeno triste anterior vuelvo a escribir algo nuevo. Cada cierto tiempo mi cuerpo pide un momento de bajón. Mi mente no puede pensar ni imaginar nada alegre y acabo hundido en un oscuro pozo sin fondo. Lo único que me apetece en ese momento es escuchar canciones tristes, con letras de desamor que desgarran el corazón, lo machacan y lo convierten en virutillas de madera seca.
Esta mañana, por suerte, todo lo negativo se había borrado por completo.
Estoy en un rascacielos en Dubai. Me asomo a un ventanal en la planta 245 que da a la playa. Veo el mar, precioso, lleno de tonalidades y reflejos del intenso sol que lo calienta. A pocos metros de mi nariz pasa un pájaro de color azul. Se para como si fuera un colibrí. Me mira inténsamente y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa. El pájaro se saca de un bolsillo una gominola sin azúcar y se la come sin pestañear. En ese mismo instante sus pequeñas patitas empiezan a crecer y crecer, mientras su cuerpo no se mueve ni un milímetro. Veo como las patas han llegado al suelo. El pájaro, ya no vuela, ahora, anda. De una zancada se adentra el océano y lo veo desaparecer por el horizonte.
Despierto y escribo el sueño para que no se me olvide. Tengo muy mala memoria.
Cambiando de tema, os preguntaréis por qué no escribo sobre sexo. No me apetece nada, creo que he perdido la líbido y ni si quiera se me pone dura. Necesito ayuda o mi pene, al contrario que las patas del pájaro, se irá reduciendo poco a poco, cada día se hará más pequeñito, más diminuto. Se perderá entre mi vello hasta desaparecer. Me están entrando sudores fríos sólo de pensarlo.
Viña ¿qué?

¿Me quieres? me pregunta mientras intento salir de aquel lugar lo antes posible.
No, no te quiero, respondo mirándole directamente a los ojos. Nunca he querido a nadie como tú. Esta vez sonrio un poco. Es difícil de explicar que para enamorarme, a parte de unas tetas, necesito un bonito y hermoso cerebro a mi lado.
Salgo lo más rápido posible de aquel lugar sombrío, apestósamente alcohólico y lleno de humo pegajoso.
Mientras me alejo, más féliz que una lombriz, veo un cartel de Viñarock. Sólo me gusta el 5%. La mitad de los grupos son de relleno. Por lo que cuesta la entrada tendrían que dar viaje ida y vuelta, estancia en hotel a PC, camiseta, gorra, gafas de sol cK y un masaje thailandés. ¿No crees?
Arrodillado

De repente, esta mañana, mi pene se ha puesto durísimo sin venir a cuento. Ha sido una sensación extraña ya que no estaba ni pensando ni viendo nada excitante. Es como si hubiera recibido una orden de alguien. Alguien todopoderoso y magnánimo, que se apiadó de mi. Desde entonces no he dejado de pensar en unas piernas abiertas, un sexo semi rasurado, mojado, sabroso, apetecible. Me he visto arrodillado ante semejante placer. He comenzado a besar los pies, tobillos y muslos. Por fin mi lengua acariciaba la suavidad del coñito, subía y se centraba en el clítoris. Bajaba y se perdía por las ingles. Una y otra vez hasta que sus piernas se doblaban y ponía su boca junto a la mía.
Mente y cuerpo

La cuerda que sujeta tus manos y tobillos. Brillan las esposas en el fondo del cajón. El collar, negro, abrochado en tu cuello mientras la cadena descansa sin tensión. No dejan de brillar el acero que lame tus pezones duros, enrojecidos y las pinzas que disparan la sensibilidad de tus labios sexuales, como si de joyas preciosas se trataran. ¿Y no son joyas al fin y al cabo?. La mordaza que ahoga tus jadeos, el pañuelo que cierra tu vista a lo disperso, el sonido de unas manos en tus nalgas.La carne brillante de sudor, sensible, suave, sudorosa. Culo enrojecido, caliente, prominente. Cadera y cintura generosa, femenina y terriblemente sensual junto a la espalda doblada. Pechos que no desentonan con el cuerpo, grandes, esféricos, suaves. Gritos ahogados siguen brotando desde el interior. Cuerpo desnudo sobre la mesa convertida en potro de juegos sexuales, perversos, intensos y placenteros.
El calor de la cera se funde con la piel. Cera y piel a la misma temperatura. Juegas con la humillación pactada, es un secreto que nunca sabrán tus conocidos o tus amigos. Nada más bello que el cuerpo desnudo, lleno de lujuria y calor. Palabras candentes, sueños reales que superan la ensoñación de las noches húmedas. Bocas sedientas, abiertas y provocativas fundiéndose en la piel más escondida del cuerpo, poseyendo desconocidos caminos. Ojos ocultos bajo la negra luz, manos que nunca se rinden, dedos ábiles y anónimos exploran, penetran, descubren y disparan el camino al clímax. Las piernas que no dejan de temblar. Abiertas indicando el camino, facilitándo los sueños, íntimos, hasta hace un segundo. No hay nada más bello que la desnudez de la mente y el cuerpo.


