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Te deseo con todas mis letras

Te quiero lamer con mis emes, besar con mis bes,
te deseo acariciar con todas las as,
te deseo arropar con miles de erres,
te quiero comer con mis ces y tocar con mis tes.
Te quiero achuchar con mis ches, apretujar con mis jotas,
te deseo rozar con todas las cetas,
te deseo querer con miles de cus,
te quiero seducir con mis eses y amar con mis emes.
Te deseo con todas mis letras.
Carmen y Fernando.

Fernando trabaja cada mañana vendiendo dvds en una tienda de electrodomésticos. Ha engordado mucho desde la última vez que lo vi. Viste un ridículo traje gris que le queda grandísimo y siempre va muy bien afeitado. Cosas del trabajo dice con resignación. Por las tardes visita a su novia.
Carmen, su novia. Tiene dos años más que él, 31 años recien cumplidos. La conocí el día que Fernando y yo fuimos a comer al restaurante donde ella trabaja. Alitas de pollo agridulces con arroz tostado. Me dan miedo las cosas que se apellidan agridulces, me suenan a chino. Los chinos no me gustan. Pero aquel plato me encantó. La felicité cuando terminó de trabajar y me despedí de ellos dos.
Carmen cocina en su apartamento la cena. Fernando no puede evitar las miradas a su culo mientras ella pela las zanahorias. Cada noche se acerca por detrás, sujeta sus generosas tetas y lame la oreja izquierda de Carmen. Follan sobre la cebolla picada, el tomate a taquitos y sobre un cogollo de lechuga. A Carmen le gusta follar encima de la mesa de la cocina. Muchas veces mientras jadea como una loca, Fernando desliza uno de sus dedos mojado de chocolate dentro de la boca de Carmen. Carmen impregna de tomate los pezones de Fernando y siempre acaba mordiendolos con aínco. Fernando saborea el zumo de naranja que chorrea entre las piernas de Carmen y la mermelada de mora, que tanto gusta a Carmen, acaba en los huevos de Fernando cual tostada matutina.
Carmen , tumbada boca arriba, sobre la mesa, con las piernas abiertas, dos de sus dedos dentro del sexo y la cabeza entre las piernas de Fernando, que de pie, no puede evitar un ligero temblor de piernas, cuando la lengua sonrosada de Carmen se adentra en su cuerpo y llega a escuchar con dificultad: cariño, ¿cenamos?.
Cuando el grajo vuela bajo...

En invierno una buena ducha, mientras fuera hace mucho frío, es uno de los mayores placeres de los que se puede disfrutar a cualquier hora del día y tanto en solitario o acompañado. Una ducha es un momento lleno de pequeños detalles y grandes placeres. A mi me gusta así, espero que te guste.
- Enjabonar con la mano a tu pareja, no olvides el cabello ni los pies.
- Ahora al revés.
- Darse un masaje mútuamente, fijarse en lugares que normalmente no tienen nuestra atención, la mano enjabonada se deslizará por cualquier parte del cuerpo sin problemas.
- No olvides los besos bajo el agua templada cayéndo en vuestros cuerpos. Nada de agua muy caliente ni, por supuesto, fría.
- Juegos manuales, por delante, detrás, arriba, abajo, no dejes de jugar, el placer manuel siempre es bien recibido, tanto para ella como para él.
- Atención al chorro de agua, te sorprenderá lo que puede dar de sí, no lo olvides e incorpóralo a tus juegos.
- Olvida las posturas raras, no es un lugar muy seguro, disfruta de pie.
- Salir juntos de la ducha y secaros mútuamente con una toalla suave y a la que anteriormente has rociado con algún perfume que os guste. Disfruta del olor a piel recienduchada de tu pareja.


